La imagen que se tiene de Rivelino es la de un joven débil de tiro potente que rompía las barreras adversarias en el Mundial de México 70. En un equipo lleno de cracks como Pelé, Gérson y Tostão, Rivelino supo encontrar su espacio gracias a João Saldaña, quien comprobó que él podía jugar al lado de esas figuras.
En aquel Mundial, Rivelino anotó tres goles en cinco partidos y fue pieza importante para garantizar a Brasil el tricampeonato, pero la misma habilidad no fue suficiente para dar al crack mas alegrías en los mundiales siguientes. En Alemania 74, Rivelino llevo a Brasil al cuarto lugar, pero con un equipo partido por la falta de comunicación entre los jugadores.
En Argentina, cuatro años después, fue convocado por el entrenador Cláudio Coutinho, pero sufrió una lesión. Hizo un gran sacrificio en aquellos días que poco se sabia sobre recuperación física y todavía consiguió participar de tres partidos. En este Mundial, Brasil fue tercer lugar, sin perder un partido siquiera.
La garra y el temperamento explosivo eran otras características relevantes de Rivelino además de su potente disparo. Fue uno de los primeros atletas brasileños en participar en el balompié de Arabia Saudita, donde terminó su carrera después de pelearse con los directivos de su equipo.