Era muy duro y la garra fue su característica más significativa. En 1938, entró para la historia de los Mundiales al enfrentar a Brasil con un brazo roto, logrando el empate a un gol que obligó la realización de un nuevo partido (en el cual, sin Planicka, Checoslovaquia terminó por perder).
El portero Frantisek Planicka tenia un carácter como pocos. Defensor del Fair Play, nunca fue expulsado en mas de mil partidos disputados en el transcurso de su carrera. Por lo mismo, recibió un homenaje por parte de la UNESCO. Hasta los días de hoy, es considerado el mejor portero de la historia del futbol checo.
En aquel lejano 1934, el equipo de Checoslovaquia todavía contaba con el poder ofensivo de Oldrich Nejedly. El y Planicka vivieron grandes momentos juntos en el equipo Slavia Praga, que llegó a dominar el fútbol europeo al conquistar el título continental en 1929, en la ciudad francesa de Rouen.
El único disgusto de Planicka fue no haber conquistado el título mundial en la final en contra de Italia. En el juego, los checos llegaron a abrir 1-0 y un balón en el travesaño podría haber decidido el juego. Pero Italia empató y fueron campeones en los tiempos extras.